lunes, 25 de abril de 2016

Excursión a los Altos del Golán

Una mañana de domingo, en hora pico, salimos con el auto desde Tel Aviv rumbo a los Altos del Golán.
Camino de montana: al Este, Jordania; al Norte, Siria. Siria, nubes blancas en el cielo, sierras verdes, rebaños de ovejas, Siria. Las montañas encorsentan el cañadón del larguísimo Jordán. Todo el vado y las partes bajas de las laderas son muy verdes, a pesar de que ahora el cauce está seco y cubierto de pastizales. Sobre el curso de agua cruza un puente de hierro forjado que, en la guerra de Yom Kippur, fue dinamitado para prevenir una inminente invasión de tanques sirios.
Continuamos la subida por la ruta pavimentada, pasan los cambios, carraspea el motor.
La curva y la subida son pronunciadas y existe el temor de encontrar otro vehiculo de frente o de recibir un piedrazo.
En los Altos del Golan: un bonito contraste entre las áridas laderas y el alto verde. La autopista está atestada de camiones, cosechadoras y tractores empleados en las granjas y sembradíos que flanquean la ruta. Un embotellamiento detiene a los autos al menos media hora durante la cual el sabor fuerte del café turco inunda los labios y el paladar, y también el cigarrillo que calma la ansiedad y el frío, también se aprovecha para aliviar la vejiga.
Un camino secundario, también asfaltado, nos conduce a una de las fortalezas utilizadas durante la guerra.
A la entrada del baluarte monta guardia una gigantesca bandera israelí cuyo imponente mástil metálico brilla al sol. Cuesta arriba, hacia la fortificacion, hay dos o tres tanques Merkava oxidados, sobre el pasto crecido y un transporte de tropas. Es un gigantesco bunker antibomba surcado por una red de galerias interiores que conducen a un sistema de trincheras. Mirillas de francotirador practicadas en los muros, un nicho de ametralladora compuesto de una base móvil de un arma de gran calibre, asiento y binoculares de artillero, el techo salpicado de respiradores.
Al salir del edificio, un gato hambriento maullaba; en un rincon encontramos su alimento balanceado, se lo acercamos y bajamos a a la entrada.
Tres monolitos. El de la izquierda consta tres piedras encimadas: la superior parece un índice al cielo, y la del medio dice, en hebreo: “Recuerdo”; la inferior dice ''Malo''. El menhir del centro es una placa de marmol a doble página en hebreo e inglés titulada ''Los amigos nunca olvidan a los amigos''. El monolito de la de la derecha, bajo el encabezado ''Mis amigos que no retornaron de la colina'' , exhibe una galería de treinta y dos fotos en blanco y negro de muchachitos con gordas mejillas, muchachitos con kippa ladeada, de muchachitos de sonrisa blanca, muchachitos barbudos, muchachitos de uniforme, muchachitos de anteojos de marco grueso.

Nuestro auto se retira por la silenciosa pendiente de asfalto. Retomamos la ruta y llegamos a un parador.

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