Una
mañana de domingo, en hora pico, salimos con el auto desde Tel Aviv
rumbo a los Altos del Golán.
Camino
de montana: al Este, Jordania; al Norte, Siria. Siria, nubes blancas
en el cielo, sierras verdes, rebaños de ovejas, Siria. Las montañas
encorsentan el cañadón del larguísimo Jordán. Todo el vado y las
partes bajas de las laderas son muy verdes, a pesar de que ahora el
cauce está seco y cubierto de pastizales. Sobre el curso de agua
cruza un puente de hierro forjado que, en la guerra de Yom Kippur,
fue dinamitado para prevenir una inminente invasión de tanques
sirios.
Continuamos
la subida por la ruta pavimentada, pasan los cambios, carraspea el
motor.
La
curva y la subida son pronunciadas y existe el temor de encontrar
otro vehiculo de frente o de recibir un piedrazo.
En los
Altos del Golan: un bonito contraste entre las áridas laderas y el
alto verde. La autopista está atestada de camiones, cosechadoras y
tractores empleados en las granjas y sembradíos que flanquean la
ruta. Un embotellamiento detiene a los autos al menos media hora
durante la cual el sabor fuerte del café turco inunda los labios y
el paladar, y también el cigarrillo que calma la ansiedad y el frío,
también se aprovecha para aliviar la vejiga.
Un
camino secundario, también asfaltado, nos conduce a una de las
fortalezas utilizadas durante la guerra.
A la
entrada del baluarte monta guardia una gigantesca bandera israelí
cuyo imponente mástil metálico brilla al sol. Cuesta arriba, hacia
la fortificacion, hay dos o tres tanques Merkava oxidados, sobre el
pasto crecido y un transporte de tropas. Es un gigantesco bunker
antibomba surcado por una red de galerias interiores que conducen a
un sistema de trincheras. Mirillas de francotirador practicadas en
los muros, un nicho de ametralladora compuesto de una base móvil de
un arma de gran calibre, asiento y binoculares de artillero, el techo
salpicado de respiradores.
Al
salir del edificio, un gato hambriento maullaba; en un rincon
encontramos su alimento balanceado, se lo acercamos y bajamos a a la
entrada.
Tres
monolitos. El de la izquierda consta tres piedras encimadas: la
superior parece un índice al cielo, y la del medio dice, en hebreo:
“Recuerdo”; la inferior dice ''Malo''. El menhir del centro es
una placa de marmol a doble página en hebreo e inglés titulada
''Los amigos nunca olvidan a los amigos''. El monolito de la de la
derecha, bajo el encabezado ''Mis amigos que no retornaron de la
colina'' , exhibe una galería de treinta y dos fotos en blanco y
negro de muchachitos con gordas mejillas, muchachitos con kippa
ladeada, de muchachitos de sonrisa blanca, muchachitos barbudos,
muchachitos de uniforme, muchachitos de anteojos de marco grueso.
Nuestro
auto se retira por la silenciosa pendiente de asfalto. Retomamos la
ruta y llegamos a un parador.
No hay comentarios:
Publicar un comentario